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TRABAJO DEL CONTROL CEFÁLICO EN EL AGUA

El primer objetivo que nos planteamos en el área de la motricidad gruesa de un niño/a es el: Control cefálico.

El control de los movimientos de la cabeza, así como también el poder mantenerla recta sobre los hombros, resulta clave, no solo en el desarrollo psicomotriz, sino también en el desarrollo cognitivo. Del control de la cabeza dependen, entre muchas otras cosas, que el niño/a aprenda a seguir con la mirada lo que le llama la atención, a mirar a sus padres a los ojos y a que comience a manipular objetos con sus manos.

A continuación, te cuento como lo trabajamos en el agua.

Los niños/as con un trastorno de la postura y del movimiento (en cualquier patología con déficit del desarrollo psico-motor) presentan a los pocos meses de vida patrones posturales “pobres” y poco eficientes, que se ponen en evidencia, sobre todo en las posturas antigravitatorias. La necesidad de enfrentarse a un movimiento coordinado y eficiente, que significa, la capacidad de organizar los movimientos dependientes entre los diferentes segmentos del cuerpo, suele provocar posturas irregulares, que denominamos patrones de postura y el movimiento patológicos. Si la capacidad de organizar la fuerza del movimiento dependiente está alterada y el niño/a tampoco es capaz de generar fuerza en contra de la gravedad, los resultados se traducirán en un control deficiente de la postura y el movimiento.

Si extrapolamos estas fuerzas al medio acuático, con mínima gravedad (gracias a la flotación) y con pocas exigencias de movilidad funcional, se puede decir que:

-La gravedad que se exige al niño/a en el medio acuático es mínima, la suficiente para que pueda controlar, si bien en ciertos momentos se le puede ayudar a facilitar ese mínimo control antigravitatorio. Normalmente el único control antigravitatorio que se le exige al niño/a en la actividad acuática es un control cefálico mínimo.

Durante el ajuste mental (o adaptación al medio) de la Terapia Especifica en Agua (WST), basada en el programa de los 10 puntos del Concepto Halliwick, uno de los efectos terapéuticos es el control cefálico. Lo trabajaremos colocando al niño/a en posición dorsal con presa del fisioterapeuta a nivel dorso-lumbar dejando la cabeza del niño/a en flotación. Añadiremos movimientos laterales (izquierda-derecha) con seguimientos de la mirada hacia algún juguete o hacia la madre/padre que nos acompaña en la sesión.

Una vez el niño/a se haya adaptado al medio continuaremos trabajando el control cefálico en las rotaciones sagitales (latero-flexión del cuello) y transversales (Flexo-extensión de la cabeza). El trabajo del fisioterapeuta consistirá en conocer la mecánica de fluidos del agua para poder posicionar al niño/a de forma que la flotación le facilite ese control pero que, al mismo tiempo sea el niño/a quien tenga que vencer esa mínima gravedad y así, realizar un trabajo muscular adecuado (En el agua se necesita menos fuerza para obtener actividad muscular).

Siguiendo una progresión terapéutica continuaríamos realizando volteos asistidos. Mediante el volteo (disociación de escapulas humeral y pélvica) facilitaremos los giros de la cabeza, que acompañaremos con el refuerzo del seguimiento de la mirada y ayuda de la flotación.

Bibliografía:

-Fisioterapia en pediatría. L. Macias y J.Fagoaga. McGraw-Interamericana.

-Neurorehabilitación. Cano de la Cuerda y Collado Vázquez. Panamericana.